Ignorada en público, 2024
Atrás
Es muy difícil sacar una buena foto a una columna de la victoria con el móvil. Hay que colocarse muy atrás para que salga entera en la foto y recta. Casi nunca se aprecia la figura que hay arriba. Está demasiado alta para los ojos.
Suele ser una figura dorada que representa a una mujer con alas y una corona de hojas. Si ese día hace sol, el reflejo del sol en el dorado de la figura te ciega y es mejor ponerse gafas de sol o una gorra.
Hay tantas columnas de victorias que casi nadie sabe qué representa cuál. A veces una columna de la victoria representa diferentes victorias. Una especie de dos por uno. Así se evita tener que construir dos al lado y la discusión de cuál ha de ser más alta; cuál ha de ser de granito y cuál de mármol.
Una columna de la victoria suele ser muy alta, grande, vertical, imponente, estable y maciza. Como es tan alta, todo el mundo la admira y la saca fotos. Da igual en qué ciudad esté o a qué victorias se refiera.
Los álbumes de fotos de viajes están llenos de columnas de victorias.
En el centro de la plaza de Mehringplatz en Berlín hay una de estas columnas de la Victoria. Es un monumento que representa un hecho histórico.
En otra parte de la plaza se encuentran fragmentos de otras columnas que también son un monumento histórico, solo que no tienen nombre. Pasaron a ser un monumento cuando quedaron destruidas. Antes no lo eran. Eran unas columnas de granito que sujetaban unos edificios formando un pórtico.
Estas columnas están ahí para enseñarnos cómo era la arquitectura antes de la guerra. Si pasas por allí no lo puedes saber porque no tienen placa explicativa ni nombre.
¿Cómo se puede recordar algo que no se puede nombrar?
Una de estas columnas ha sido cortada por la mitad. La otra mitad es ahora una lápida en el cementerio de Bergmannstraße. Es algo desolador ver esa mitad de columna sin su otra mitad. Alguna vez me he sentado ahí para hacerle compañía.
Las otras tres no miden más de dos metros.
Nadie les saca fotos.
No están en el centro de la plaza ni son lo suficientemente altas. Si fuesen más altas quizás alguien las fotografiaría y su imagen estaría ahora en los álbumes de fotos de viajes.
Si fuesen más altas quizás alguien las recordaría, aún sin saber cómo se llaman.
Una vez pasé por esa plaza con mi bici. El lugar estaba lleno de cristales rotos que esquivar y de basura en general. Ahí se había celebrado algo.
Había restos de confeti, una botella de prosecco y un cuervo rebuscaba en el envoltorio de un kebab. Era invierno y había un charco congelado con un vaso de plástico atrapado.
El suelo era gris, pero la basura le daba un toque impresionista. El reflejo de los cristales rotos hacía que el suelo pareciese estar cubierto de diamantes y purpurina.
Se podía ver la decadencia de esta ciudad en los fragmentos de una acción colectiva.
Un cielo sin nubes se extiende sobre el paisaje urbano de hormigón, la luz del sol proyecta fuertes contrastes. Patricia Sandonis, con una gorra negra pintada, se mueve con determinación, empujando y tirando de una columna horizontal por las calles concurridas. Le acompaña un grupo de mujeres.
Se dirigen a devolver el objeto largo y opaco al lugar donde fue imaginado por primera vez.
Mehringplatz, Berlín-Kreuzberg. Invierno de 2024
Este acto ceremonial y performativo describe la práctica artística de Sandonis. Su trabajo gira en torno a la memoria colectiva representada a través de monumentos, que son abordados no como estructuras rígidas, sino como entidades amovibles que desafían las nociones tradicionales de permanencia y poder.
A través de la intervención pública e invitando a la colaboración, su obra artística consigue difuminar los límites entre artista y público, espacio público y privado, preguntándose para quién son los monumentos, cómo dan forma a la memoria colectiva y qué potencial democrático tienen.
En sus obras, Patricia Sandonis percibe la ciudad como un archivo vivo, donde la decadencia y la conservación se entrelazan, revelando las dimensiones poéticas y políticas del espacio urbano. Su trabajo artístico explora la interacción entre la materialidad, la memoria y las estructuras sociopolíticas que dan forma a nuestras experiencias colectivas. A través de un meticuloso proceso de recolección, reutilización y traducción de restos de la vida urbana, sus obras funcionan como reflexiones y disrupciones a la vez.
[…]
Para la exposición “Incertidumbre en consenso”, sus obras migran a Valladolid, un viaje que podría considerarse un regreso y una partida a la vez. Patricia Sandonis guía las obras de arte a través del museo, dejándolas absorber la luz del sol en el patio para que finalmente lleguen al espacio expositivo. ¿Cómo se refleja el movimiento en las cosas que están quietas? ¿Qué puede mover la inamovilidad del objeto dentro de nosotros? La exposición nos recuerda que la migración no es un acto único, sino una negociación continua de lugar, propósito y presencia. Patricia Sandonis desafía lo estático, ofreciendo perspectivas y relaciones espacio-objetuales reinventadas.
Patricia Sandonis explora la cuestión de la importancia a través de un elemento arquitectónico en la obra Ignorada en público. Esta instalación gira en torno a una fila de cuatro columnas situadas en una plaza fuera de la estación de metro Hallesches Tor, donde, durante la época prusiana, se encontraba una de las puertas de la ciudad. Debido al crecimiento de esta, ha pasado de marcar la periferia a ser un lugar central. Y con ello se ha convertido en un cruce de muchas líneas de transporte, un centro de desplazamientos esencial.
Las columnas originales son restos de un edificio que fue destruido durante los bombardeos estadounidenses del 3 de febrero de 1945. Los pilares, que también se derrumbaron, eran todo lo que quedaba de lo que había antes, lo cotidiano. Estos restos fueron colocados en su ubicación original, intencionalmente para recordar este momento de fatalidad. Hoy, brillan incompletas, difieren en altura, mostrando sus cicatrices en su superficie de granito.
En la instalación, Sandonis intenta completar de nuevo estos monumentos rotos a través de la especulación material. Una de las obras es un semicilindro de polipiel que abraza a su otra mitad con una correa. La más alta de las cuatro, la forma una columna de tela negra que la artista ha decorado con adornos contemporáneos como cadenas, abalorios, líneas, formas geométricas y lentejuelas. El pilar más bajo de todos es un círculo transparente hecho con fragmentos y restos encontrados y procesados como botellas de cerveza pulverizadas, restos de cristal, de plásticos y confeti. Esta forma de recolectar, limpiar y reutilizar forma parte de un proceso artístico muy presente en la obra de Patricia Sandonis.
Con Ignorada en público, Sandonis cuestiona la función de la columna como elemento formal para recordar la historia. En su función arquitectónica, las columnas existen para elevar, estabilizar y sostener. En su función de monumento, evocan el sentido de la importancia, la permanencia, y a menudo se alzan como símbolos de estabilidad y autoridad. Esta autoridad se ve reflejada en el poder que tienen sobre los cuerpos de las personas que las observan, que tienen que inclinar su cabeza hacia atrás para poder verlas.
Estar de pie es ser visto; ser visto es el comienzo de ser recordado.
Sin su altura, ¿qué propósito queda? Comienzan a desvanecerse, a desaparecer en la periferia de la atención, fácilmente ignoradas. Las columnas rotas nos recuerdan que algo tuvo importancia. Y, en sus restos, señalan que algo tiene suficiente importancia para ser recordado.
Cleo Wächter & Lusin Reinsch
Extracto del texto curatorial de la exposición “Incertidumbre en consenso”
Museo Patio Herreriano, Valladolid, 2025