Guardar las formas, 2024
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Algunos portales están hechos de mosaicos de azulejos pequeños. Parecen obras de arte concreto sobre las que se le ha colocado un timbre. He intentado muchas veces en vano encontrar un orden en la colocación de estos cuadraditos de colores. Estos azulejos colocados al azar dan el aspecto de uniformidad y del control matemático del que carecen.
Me imagino que alguien hizo un boceto de cómo tenían que ir colocados los azulejos para evitar el orden matemático.
Alguien planificó con exactitud el azar.
De noche, las farolas, el viento y los árboles de las calles forman equipo para cambiar el color de las fachadas de los edificios. Las farolas proyectan su luz anaranjada sobre el blanco y el gris, consiguiendo infinidad de tonos ocre y rosáceos. Los árboles, gracias a las farolas, pueden proyectar su sombra, que no es gris, sino que forma todo un pantone de azules y violetas.
El viento hace posible que todos estos colores puedan cambiar de sitio y saltar de una pared a otra.
Solo el negro permanece estático, inmutable y parece tener más poder que el viento, que la luz de las farolas y que los árboles. El negro no se encuentra en el espectro visible de la luz.
Es el único color que puede existir si la luz dejara de existir.
La noche podría ser el día, si la comparamos con la oscuridad del negro.
El Palacio de las Lágrimas es un pabellón de aduanas que fue construido por la RDA en los años 60 y que sirvió como lugar de paso del Berlín del Este al del Oeste. Las personas se despedían aquí de sus seres queridos sin saber siquiera si volverían a verse.
La palabra “separar” (en alemán Trennen), se pronuncia igual que la palabra “lágrimas” (Tränen). Aunque no comparten etimología, hay algo de tristeza en la separación.
El Palacio de las Lágrimas tiene unos grandes ventanales y en su fachada, se pueden ver los mosaicos de azulejos típicos de los 60. Estos azulejos son azules y de diferentes tamaños y formas.
Son lágrimas rectangulares.
[…]
En sus pinturas Guardar las formas, Patricia Sandonis fusiona elementos reconocibles dentro del umbral entre lo privado y lo público, utilizando el collage y representando nuevamente objetos utilizados en la construcción y azulejos, esta vez más pequeños, similares a mosaicos, que adornan los portales de los edificios.
Patricia Sandonis intenta descubrir un orden en estos mosaicos, sin que nunca se le conceda acceso a una lógica en ellos.
Estos mosaicos son a la vez figurativos y abstractos. La tridimensionalidad viene dada por los objetos que han sido adheridos al lienzo.
A través de esta interacción, Sandonis plantea preguntas sobre el proceso de observación que conlleva la pintura de paisaje. El espacio urbano, en comparación con el ámbito natural, cuenta con menor tradición en su representación. Como carece de estética clásica y deja menos margen para la contemplación, a menudo vemos que la fotografía es el medio más utilizado para retratar el espacio público. Dentro de este género, Sandonis crea su propio lenguaje.
Las pinturas se nos muestran apoyadas sobre bases de vallas de construcción esmaltadas de negro. Estos pedestales actúan como “pies” para los lienzos, dándoles una sensación de movilidad y autonomía al mismo tiempo que los conectan con los materiales a los que hacen referencia, enfatizando aún más el diálogo entre la infraestructura y la inestabilidad.
Cleo Wächter & Lusin Reinsch
Extracto del texto curatorial de la exposición “Incertidumbre en Consenso”
Museo Patio Herreriano, Valladolid, 2025