El final de una civilización, 2017
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A menudo leo en las noticias que Europa está en ruinas. Se refieren a Europa como una civilización al borde de la desaparición. Cuando pienso en el fin de civilizaciones como la azteca o la romana, no puedo imaginar a sus habitantes prediciendo su propia ruina.
Imaginar mi propia ruina me da ventaja. Puedo decidir qué quiero dejar como ruina y cómo quiero ser recordada.
Las ruinas que he visto suelen ser de piedra y cerámica; las ruinas dependen mucho del material.
El plástico puede ser un buen material para cumplir la función de ruina. Está por todas partes y puede tardar hasta 1000 años en desaparecer. También deberíamos empezar a construir más columnas para dejar ruinas realmente buenas que puedan visitarse en el futuro.
La columna como elemento arquitectónico y como monumento siempre ha desempeñado un papel importante en la creación de una identidad estética en Europa y en mantener vivo el sentimiento de estabilidad.
Otras civilizaciones también han utilizado columnas con fines arquitectónicos, quizá sin saber que estaban creando identidad cultural propia.
Cuando fui a Roma a visitar el templo de la Fortuna Populi, una figura que estaba investigando intensamente para otro proyecto, ya no quedaban columnas. Solo podían visitarse las ruinas de lo que fueron las columnas de un templo de una civilización pasada.
Ya no se producen columnas con fines identitarios y la idea de estabilidad ha desaparecido. A menudo pienso en columnas contemporáneas inestables que podrían representar los tiempos actuales en Europa, para crear algunas ruinas de nuestra civilización para tiempos futuros.
Como contrapunto visual, “La memoria Avant Garde” representa diferentes épocas que coexisten en un mismo espacio. En la ermita de Santa Elena, en Irún, al norte de España, se pueden ver los restos de una necrópolis romana del siglo I y un templo cristiano medieval. Esta instalación artística es un salto en el tiempo para visualizar una característica estética de nuestra época representada a través de una ruina contemporánea que se muestra en el mismo espacio que las ruinas de nuestro patrimonio cultural románico.
Una pintura-escultura con forma de columna, del color de la bandera europea, se muestra suspendida en el aire, sin base ni capitel, sin estabilidad y sin sostener nada. En el suelo, junto a los restos de la necrópolis, aparece un conglomerado de plástico y resinas que forman un nuevo material, una especie de granito-plástico que nos hace pensar en los recursos antinaturales que obtendrán las futuras generaciones de la Tierra. También podemos ver algo que brilla con forma de piedra que son los restos de mantas de rescate que algún día se encontrarán en una carretera que se dirige hacia el norte, cerca de los restos de la antigua calzada romana de Oiasso.
Otros tiempos, otras carreteras, el mismo lugar. Las ruinas de nuestro pasado y las ruinas de nuestro presente se unen en esta instalación como si fuera una necesidad para comenzar una nueva era.
Texto para la exposición “La memoria Avant Garde”
Museo OIASSO, Irún, 2019