El espacio que nos separa, 2021
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Las obras de construcción quedaron paralizadas. Montones de materiales se acumularon tras las vallas.
Una vez vi una línea de vallas que se habían derrumbado, una a una. Parecían fichas de dominó.
Los espacios públicos estaban cerrados al público. Cuando se reabrieron, se estableció un perímetro donde se permitía caminar. No se colocaron vallas, pero todos las imaginábamos.
También imaginábamos que las líneas imaginarias de esas vallas algún día se volverían suaves, circulares, irregulares.
Eran tiempos de pandemia.
La mayoría de las tiendas tuvieron que cerrar.
Algunas se vieron sorprendidas mientras estaban renovando.
Durante algún tiempo, se pudieron ver carteles de “Próxima apertura” en los escaparates.
A pesar del aluvión de información que recibo a diario sobre los acontecimientos en esta ciudad, todavía se usan carteles callejeros. Normalmente se colocan en las paredes, pero sobre todo en las vallas.
Encima de un cartel, se coloca otro, y luego otro, y así sucesivamente hasta que se forma una aglomeración.
Cuando alguien los quita, se ven los restos del cartel, pegados a la valla con cinta adhesiva. Algunos se mueven con el viento. Parece como si la valla aún celebrara el evento que anunciaba.